Los que niegan la libertad a los demás no se la merecen ellos
mismos; porque bajo un Dios justo no pueden conservarla por mucho tiempo.
Abraham Lincoln
Generalmente se tiende a confundir los
términos “libertad” e “Independencia” cuando se habla de la conformación de un
estado o país. Esta confusión es explicable si entendemos la dificultad que
representa encontrar el significado de la palabra libertad y la frivolidad con
que se habla del tema.
Nuestro país goza de cierta libertad,
pues podemos elegir a nuestras autoridades en lugar de que nos sea impuesto
arbitrariamente un gobernante. Este es un beneficio que podrían tener los
habitantes de un país de esclavos y sin embargo esa “libertad” no los haría
realmente libres.
La libertad a la que se debe aspirar es
la del individuo, en el sentido más amplio de la palabra. Es decir, la libertad
entendida como la ausencia de coacción de un tercero.
La independencia, por su parte, también
tiene diferentes acepciones, dentro de las que podemos mencionar la política y
la económica. Individualmente, no podemos aspirar a la primera pues debemos
estar sujetos a reglas generales de comportamiento y a un régimen que vele por
el cumplimiento de dichas reglas; y menos a la segunda pues gozamos de un
conocimiento limitado y dependemos necesariamente del conocimiento de los demás
para satisfacer nuestras necesidades.
El aprovechamiento de esa dependencia de
nuestros semejantes es mejor si se goza de libertad para intercambiar los
productos del conjunto limitado de conocimientos que posee cada individuo; y de
esta forma disponer de bienes más diversos de los que cada uno puede producir.
En países como el nuestro, sus
habitantes solo somos libres de elegir a las personas que van a limitar arbitrariamente
nuestra libertad. Y digo arbitrariamente porque, si bien es cierto, la función
del gobierno es precisamente limitar la libertad, esta limitación debe
aplicarse en función del respeto al derecho de los demás; y a todos por igual,
incluso a los mismos gobernantes.
Sin embargo, es objeto de más coacción
el individuo que desea poner sus productos y servicios a disposición de los
demás, que aquellos que despojan a sus semejantes de lo que le pertenece
incluyendo la vida misma.
Es lamentable que para darle rienda
suelta al espíritu empresarial, las personas enfrenten tantas dificultades,
teniendo que pagar altos impuestos y hasta mordidas. Que de sus ingresos tengan que dar una gran parte a los gobiernos; y estos últimos puedan vivir como
príncipes, sin que las limitaciones de libertad apliquen para ellos.
Pero festejamos el hecho de ser independientes, cuando es mejor vivir en
un país que dependa de otro en el cual se respete la libertad individual. Que
vivir en un país independiente en el cual no haya ninguna garantía de poder
buscar nuestro propio bienestar sin ser objeto de coacción.