miércoles, 16 de marzo de 2016

Al César lo que es del César

"Pues, como organización criminal, con todos sus ingresos y activos derivados del crimen de los impuestos, el Estado no puede poseer ninguna propiedad justa".
                                                                      Murray N. Rothbard.

¿Cuántas veces hemos leído o escuchado condenas para los evasores de impuestos? La gran mayoría de personas consideran a éstos “criminales” Y se escandalizan si alguien propone que los verdaderos criminales son los que los cobran.

Es una falacia muy común pues es lo que se nos ha enseñado desde niños. Este y otro puñado de dogmas forma parte del CNB con el que se “domestica” a los ciudadanos para no cuestionar la autoridad del Estado.

Dentro de los defensores de los impuestos se cuentan muchos cristianos que aseguran que el pago de impuestos es un mandato bíblico; y como argumento toman precisamente la frase de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Con la esperanza de no ser tomado como blasfemo, presento una diferente interpretación: Tal vez Jesús quiso decir que las cosas terrenales no son importantes para Dios, que a Él le interesa nuestro ser; y que el dinero en realidad sirve sólo para dotar al cuerpo de lo que necesita.

Es decir que el Cesar podría representar en este caso a todo lo material.

Pero no me haga mucho caso. Como muchas otras interpretaciones, la mía también podría estar errada.

Pero si argumentamos que Cristo se estaba refiriendo meramente al César, ¿qué es propiedad de él? Aquellos que defendemos el derecho de propiedad, creemos firmemente que la riqueza (material) pertenece a quien la produce o a quien éste se la cede voluntariamente. Esta transferencia del derecho de propiedad podría ser en calidad de intercambio por otro bien. Entonces el César no es propietario de nada; y todo lo que los gobernados le ceden no lo hacen de forma voluntaria, sino bajo amenaza de una agresión mayor. A esto en algunas sociedades se le llama “Extorsión”. 

Si usted, al igual que yo, defiende el derecho de propiedad, no podrá negar que los impuestos constituyen un robo.

Y, entonces, ¿Comete algún delito aquel que evita que le roben?

domingo, 13 de marzo de 2016

El camión de don Pancho. (Cuento)

"El gobierno, hemos visto, si no retorna pronto al buen camino, si no cesa en su interferencia, tiene que ir adoptando sucesivamente medidas cada vez más graves"
                                                                     L. von Mises.

Había una vez un pequeño pueblo llamado Tanga Manga Apio. Su riqueza provenía, en mayor parte, de la producción textil y agrícola. Su nombre proviene de los productos principales.
Había en aquel pueblo unos cien habitantes, más o menos. Su extensión era lo suficientemente grande para que uno de ellos pensara que era necesario un medio de transporte para intercambiar los productos. Don Pancho fue quien primero adquirió un viejo camión, con el cual ofrecía dicho servicio a sus vecinos. Su objetivo principal era recuperar lo gastado en la compra del camión, su mantenimiento y una cuota por el trabajo que él mismo realizaba. Cada habitante viajaba en promedio una vez diaria y el viaje le costaba 1.00.
El gobernante de Tanga Manga Apio, no conforme con la calidad del servicio de don Pancho, decidió que su gobierno se encargaría de proporcionar el servicio con una mayor calidad y de forma gratuita. Adquirió un camión más moderno, contrató un piloto, a quien le asignó un salario muy “dignificante”, Formó una secretaría para atender las quejas de los usuarios y nombró a un inspector para investigar dichas quejas.
Los costos del servicio se duplicaron; y para cubrirlos el gobernante estableció un impuesto de transporte de 100.00 mensuales para cada habitante.
Actualmente sigue siendo el gobierno quien se encarga de prestar dicho servicio de forma “gratuita”. Algunas deficiencias se han podido cubrir gracias a pequeños sobornos. Pero los habitantes de aquel lugar no están del todo conformes con el servicio. No logran descifrar dónde está la raíz de los problemas; y piden un mejor control para que las cosas mejoren. El gobernante está pensando aumentar el equipo de trabajo para fiscalizar al inspector bajo el llamativo nombre de “fortalecimiento de las instituciones”. Y para esto propone un pequeño y necesario aumento al impuesto de transporte.

Pasará algún tiempo antes de que los habitantes de Tanga Manga Apio se den cuenta que lo mejor sería volver a pagar el servicio a don Pancho y que de ningún modo los convierte en malos ciudadanos dejar de pagar el impuesto de transporte al gobernante.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Y usted, ¿qué tan machista es?

"Si los machistas fueran solo los hombres, los mandamos a vivir a la luna y se solucionó el problema"
                                                                                                              Gloria Álvarez.

El origen del poder de los gobernantes radica en la mente de los gobernados. Esto aplica también para las relaciones conyugales. Es común que uno de los dos miembros de la pareja desee tener más derecho de decisión que el otro; y lo logrará en la medida en que el otro lo acepte.
Tal vez en una sociedad primitiva las actividades se dividían según su rudeza, dejando al hombre las actividades más rudas, pues éste posee más fuerza física que la mujer. La mujer, entonces, fue relegada a las actividades dentro del hogar, las cuales podían ser más livianas. De esta forma se estableció una división del trabajo en la cual el hombre procuraba el abastecimiento de alimentos para el hogar y la mujer los preparaba y servía.
En la actualidad, a pesar de que la consecución de los medios no requiere necesariamente fortaleza física, aún se conserva la idea primitiva de que debe ser el hombre quien se encargue de esa tarea. Es tan fuerte este paradigma que, incluso, se han creado leyes para obligar al hombre a cumplir con esa “obligación”. Y, como consecuencia, aún se cree que la mujer debe permanecer en el hogar y ser ella quien sirva y atienda a los demás miembros de la familia.
Otra consecuencia de dicha distribución del trabajo en la familia fue que, al permanecer las mujeres en el hogar y los hombres fuera de él, estos último tuvieron más oportunidad de relacionarse con sus semejantes dando lugar a una sociedad en la cual las decisiones colectivas eran tomadas por ellos.
Es necesario notar que estos dos paradigmas han sido aceptados tanto por los hombres como por las mujeres. Por doquier se observan madres que les dicen a sus hijas que deben servirle sus alimentos, lavarle y plancharle la ropa y prestarle otro sin fin de servicios al marido. Tampoco es raro que teniendo la oportunidad de elegir a una mujer como gobernante, la gran mayoría de votos  favorezcan a candidatos varones.
Si bien es cierto hay ahora muchas personas (hombres y mujeres) que practican y promueven la igualdad, no son suficientes para erradicar las ideas primitivas antes mencionadas. Se requiere mucho trabajo aún en la divulgación de esa diferente forma de vida que proponen.
Sigamos, entonces, con la ardua tarea de fomentar la igualdad, no solo de géneros, sino también de razas – si es que tal cosa existe- Pues al final todos somos personas. Pero no nos amarguemos mucho. Mientras exista quien quiera ser oprimido, siempre existirán opresores. ¿Para qué sufrir queriendo salvar a quien no quiere ser salvado?

En lo personal, no quisiera que hubiera una persona que tenga más poder que las demás. Esto implicaría la eliminación de cualquier forma de Gobierno, pero esta idea resulta muy radical para la mayoría. Así que a los defensores de la igualdad no nos queda más que vivir de acuerdo con nuestras convicciones, siempre respetando la vida, la libertad y la propiedad (nuestra y de los demás)