lunes, 14 de diciembre de 2015

LA EDUCACIÓN COMO BÚSQUEDA DE LA VERDAD.


"Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libre".
                                                                                 Jesucristo.

Hace un poco más de un año asistí a un coloquio sobre la libertad. Durante esta reunión el moderador afirmó que la solución a los problemas sociales de la actualidad no estaba en la educación, como muchos creen, sino en la legislación. En aquella ocasión permanecí callado por dos razones: En primer lugar porque mi tragedia personal era lo suficientemente grande como para estarme preocupando por la de mi país. En segundo lugar porque, aunque creyera lo contrario, carecía de argumentos para defender mi postura; aunque debo admitir que esta segunda razón nunca ha importado mucho. Por lo general acostumbramos discutir sobre temas de los cuales no tenemos ni idea y sobre los cuales nunca nos ha interesado documentarnos.
Los cambios acontecidos durante este año (2015) en el país no han sido producto de cambios en la legislación. En realidad fueron promovidos, en su mayoría por grupos de personas que se han dedicado a cultivarse a sí mismos por medio de la educación; y si miramos de dónde vienen, nos daremos cuenta que muchos de ellos pertenecen o han pertenecido a una institución educativa fundada por un hombre cuya visión era precisamente empezar ese cambio a través de la educación.
La legislación, por su parte, conlleva a una gran contradicción. Y es la necesidad de otorgarle a alguien el poder, y esto trae consigo abusos que se pueden explicar con el despectivo refrán: "Al indio ponele caites y te pateará el culo". Si argumentamos que por medio de ella evitaremos que nos agredamos unos a otros, pues es lo que a veces tendemos a hacer, ¿quién nos asegura que el legislador no hará lo mismo? Si tenemos legisladores para que nos protejan, ¿quién nos protege de los legisladores? En el caso de la agresión entre personas comunes la defensa no se vuelve tan difícil. Pero cómo nos defendemos, sin cometer ilegalidades, de aquellos que utilizan la ley para violar nuestros derechos. La razón por la que nos aferramos a la legislación es porque tenemos la esperanza de que algún día llegue un hombre muy sabio y justo a dictar las leyes. Pero la verdad es que todos padecemos de las mismas enfermedades psicológicas.
Y qué decir de la educación? A caso no es también absurdo pensar que haya un hombre o grupo capaz de enseñarnos cómo vivir? Si tomamos en cuenta lo mismo que en el caso de un legislador, diremos que no existe tal hombre.
Aún así me atrevo a afirmar que el cambio radica en la educación. Pero no en esa enseñanza dogmática que nos ha sido impuesta por el estado y a la cual se adhiere la gran mayoría de establecimientos educativos. Tampoco en el montón de teorías que se enseñan en las universidades y que no llegamos a entender porque suelen ser contradictorias entre sí e imposibles de contrastar con la realidad. Mas bien, en una educación orientada a la búsqueda de la verdad. Pero, para buscar la verdad muchas veces es necesario desaprender. Por eso se debe enseñar a los alumnos a ser lectores críticos, a cuestionar todo aquello que se le enseña. Solo así conoceremos la verdad y la verdad nos hará libres.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Voto Consciente

Hace algunos días lancé en una página de facebook la pregunta sobre el significado de la expresión "voto consciente". La respuesta que más me gustó fue la que se refería a no vender nuestro voto. Sin embargo, creo que la mejor respuesta nos la dio  Sócrates hace unos milenios cuando dijo: "Yo solo sé que no sé nada..." No quiero parecer soberbio, así que me reservo lo que sigue de dicha cita.
Y es que de lo único que podemos estar conscientes es de nuestra inconsciencia, pues, aún si nos diéramos a la tarea de leer, uno por uno, todos los planes de gobierno, dicha tarea resultaría, por mucho, más tediosa que leer este artículo; y, arriesgándome a sacrificar esa modestia que quiero aparentar, más inútil, debido a la retahíla de incoherencias que nos encontraríamos.
Otro aspecto que debemos considerar es que de las miles de personas que llegarán al cualquiera de los tres poderes, el pueblo sólo elige a dos: Presidente y Alcalde. El resto es nombrado. Y, aunque pudiéramos votar por ellos, tendríamos que hacer un exhaustivo trabajo de investigación de cada uno, en lugar de dejarnos convencer por el montón de mentiras que dicen sobre sí mismos.

Así es que este domingo 6 de septiembre de 2015 (para que quede constancia), acudamos a las urnas a votar por el que más duro ataca a este sistema convertido en un mercado de privilegios o por el que sin mucha inversión se llegado a convertir en el principal contendiente de los que nos parecen "los peores"; o por el más pajero, por la más bonita o por la mas fea, si les parece. Pero, por favor, no me hable de "voto consciente".

sábado, 6 de junio de 2015

El Arte

“Son muchos los intelectuales que envidian la prosperidad del afortunado hombre de negocios. Tal resentimiento les arroja frecuentemente en brazos del socialismo, pues creen que bajo este régimen cobrarían sumas superiores a las que perciben en un régimen capitalista.”
                                                                                                                                  Ludwig Von Mises.

“Yo no voy a regalar mi trabajo” es la expresión utilizada por muchos artistas, que han estudiado muchos años para llegar conseguir la excelencia en su arte. Para mala pata para ellos, en nuestra sociedad, la excelencia artística no es reconocida ni valorada por la masa. En palabras de Hayek, ellos gozan de mucho mérito pero no aportan valor al conglomerado, el cual prefiere el arte menos refinado.

El error no es dedicarse al cultivo del arte, pues no cabe duda que al hacerlo se persigue un grado más elevado de satisfacción, característica esencial de toda acción humana. El error consiste en esperar que los demás persigan el mismo fin utilizando los medios que yo considero como los mejores.

Por eso se ha llegado a creer necesario el subsidio de los gobiernos al arte a través del ministerio de cultura creando fuentes de trabajo para el artista y oportunidades de exhibir sus obras en museos. Pero, si nos basamos en las enseñanzas de Hayek, esa tarea no compete al estado, el cual debe proteger el derecho individual y no el mérito de un grupo en particular.

Sin embargo, muchos artistas, al tratar de encontrar la verdad sobre su situación, se enfrentan con un dilema: Se dan cuenta, con mucha tristeza, que a la gran mayoría de personas no les interesa las obras de gran calidad artística; y que el sector que aprecia las mismas, muchas veces está conformado por personas que pueden producir sus propias obras; y no les queda más que trabajar ad honorem u obteniendo una ganancia muy pequeña o vulgarizar sus obras y de esta forma obtener mejores ingresos.

Pero no todo está perdido. Sabemos, gracias a Mises, que toda acción humana persigue un fin, un grado de satisfacción más elevado. Y la actividad artística no es la excepción. Cuando el artista es consciente de esto; y se entrega en cuerpo y alma a su obra, ya no importa lo que recibirá de los demás a cambio de su arte. Se interna en ese mundo mágico donde surge la inspiración y ha encontrado la manera de conversar con Dios. Y Dios lo escucha.

IGSS

Más aún, puede afirmarse que gracias a la no intervención del Estado en los asuntos privados, las necesidades y las satisfacciones se desarrollarían en el orden natural.

                                                                                                                      Frédéric Bastiat

Hace algunos días, alguien a quien amo, admiro y respeto, me comentó que cierto hospital privado de esta localidad pagó medio millón a la susodicha institución para que le adjudicara la realización de exámenes de laboratorio.

Me reservo el nombre del hospital pues no es el objetivo de este artículo denunciar dicho acto, por dos razones: Primero porque tendría que comprobar la veracidad de dicha información. Segundo porque, si fuera el caso, se determinara que es cierto, no estoy seguro de que la “mordida” en cuestión esté fuera del marco legal, tomando en cuenta la relatividad de nuestras leyes.

Tampoco voy a juzgar la legitimidad de dicho acto. A este respecto, espero los comentarios de los lectores, quienes, en su mayoría, probablemente serán más doctos en este tema.
Menciono lo anterior, puesto que sirvió de fermento de una conversación que después nos llevaría a comentar los maltratos de que son víctimas los pacientes por parte de algunos funcionarios del IGSS. Maltratos por muchos conocidos y que me llevaron a la siguiente reflexión: Qué haría yo si el trato que recibo en una institución no es el que yo considero justo según lo que estoy pagando. La respuesta es simple: me voy a adquirir los servicios de alguien que sí me de lo que estoy buscando, o al que mejor se ajuste a mis necesidades.

Pues resulta que en el caso del IGSS no puedo hacer lo mismo. En realidad sí podría, pero tendría que pagar en el otro lugar y seguir pagando el IGSS, porque la ley me obliga a hacerlo.

La misma ley cuyo deber primordial es proteger la libertad del individuo, en este y en muchos casos se ha utilizado para ejercer coacción para obligarnos a hacer algo, lo queramos o no.

Pero eso no es todo. Las empresas también están obligadas a pagar un porcentaje por el mismo concepto. Y nos hacen creer que esta última medida es uno de los grandes beneficios de la legislación de nuestro país. Pero hay que aclarar que este porcentaje que la empresa aporta al seguro social representa un costo que al final termina pagando el trabajador y el consumidor.

Esta es solo una muestra de cómo la legislación laboral entorpece el libre intercambio de servicios. Y, además, una muestra de cómo la misma ley cuyo deber primordial es proteger la libertad del individuo, en este y en muchos casos se ha utilizado para ejercer coacción para obligarnos a hacer algo, lo queramos o no, en este caso, pagar un servicio por mas deficiente que éste sea.

sábado, 14 de marzo de 2015

Libertad e Independencia

Los que niegan la libertad a los demás no se la merecen ellos mismos; porque bajo un Dios justo no pueden conservarla por mucho tiempo.
Abraham Lincoln

Generalmente se tiende a confundir los términos “libertad” e “Independencia” cuando se habla de la conformación de un estado o país. Esta confusión es explicable si entendemos la dificultad que representa encontrar el significado de la palabra libertad y la frivolidad con que se habla del tema.
Nuestro país goza de cierta libertad, pues podemos elegir a nuestras autoridades en lugar de que nos sea impuesto arbitrariamente un gobernante. Este es un beneficio que podrían tener los habitantes de un país de esclavos y sin embargo esa “libertad” no los haría realmente libres.
La libertad a la que se debe aspirar es la del individuo, en el sentido más amplio de la palabra. Es decir, la libertad entendida como la ausencia de coacción de un tercero.
La independencia, por su parte, también tiene diferentes acepciones, dentro de las que podemos mencionar la política y la económica. Individualmente, no podemos aspirar a la primera pues debemos estar sujetos a reglas generales de comportamiento y a un régimen que vele por el cumplimiento de dichas reglas; y menos a la segunda pues gozamos de un conocimiento limitado y dependemos necesariamente del conocimiento de los demás para satisfacer nuestras necesidades.
El aprovechamiento de esa dependencia de nuestros semejantes es mejor si se goza de libertad para intercambiar los productos del conjunto limitado de conocimientos que posee cada individuo; y de esta forma disponer de bienes más diversos de los que cada uno puede producir.
En países como el nuestro, sus habitantes solo somos libres de elegir a las personas que van a limitar arbitrariamente nuestra libertad. Y digo arbitrariamente porque, si bien es cierto, la función del gobierno es precisamente limitar la libertad, esta limitación debe aplicarse en función del respeto al derecho de los demás; y a todos por igual, incluso a los mismos gobernantes.
Sin embargo, es objeto de más coacción el individuo que desea poner sus productos y servicios a disposición de los demás, que aquellos que despojan a sus semejantes de lo que le pertenece incluyendo la vida misma. 
Es lamentable que para darle rienda suelta al espíritu empresarial, las personas enfrenten tantas dificultades, teniendo que pagar altos impuestos y hasta mordidas. Que de sus ingresos tengan que dar una gran parte a los gobiernos; y estos últimos puedan vivir como príncipes, sin que las limitaciones de libertad apliquen para ellos.
Pero festejamos el hecho de ser independientes, cuando es mejor vivir en un país que dependa de otro en el cual se respete la libertad individual. Que vivir en un país independiente en el cual no haya ninguna garantía de poder buscar nuestro propio bienestar sin ser objeto de coacción.