En resumen, cuanto más se han aumentado los gastos del estado en
seguridad social y seguridad pública, más se han erosionado nuestros
derechos de propiedad privada, más se ha expropiado, confiscado,
destruido, o depreciado nuestra propiedad.
Hans-Hermann Hoppe.
El gobierno, aquí y y e cualquier parte del mudo, se parece a la canción de los elefantes que se columpiaban sobre la tela de una araña.
Las ciencias naturales nos enseñan que existen tres tipos de relaciones entre los seres:
Para comenzar tenemos el mutualismo, que es una relación en la cual ambas partes se benefician, algo así como las relaciones catalácticas que se dan en un mercado libre.
También tenemos el comensalismo, que son las relaciones en las que solamente una de las dos partes resulta beneficiada, pero para la otra, este tipo de relaciones resulta neutral, no la benefician pero tampoco le afectan.
Por último tenemos el parasitismo, que cosiste en una relación en la cual uno de los dos organismos resulta beneficiado a expensas del otro, es decir, afectando a éste ultimo. A este tipo de relaciones se parecen las relaciones entre el gobierno y la sociedad. En todos los pueblos del mundo y en todos los tiempos podemos observar que los gobernantes han vivido ostentosamente mientras que la gente que no está dentro del gobierno lucha por sobrevivir. Pero, ¿de dónde creen ustedes que vienen los recursos para que los gobernantes puedan disfrutar de ese tipo de vida.
Debo aquí aclarar que los primero dos tipos de relaciones son definidos por la ciencia como voluntarios, mientras que el parasitismo se da por la fuerza.
¿Quién de mis queridos lectores estaría dispuesto a pagar impuestos, si éstos fueran voluntarios?
Y es que, en efecto, los impuestos son el medio coactivo mediante el cual los gobiernos han parasitado a través de la historia. Y digo coactivo pues nunca los impuestos han sido voluntarios. Al contrario, siempre han existido castigos severos para quien se niegue a pagarlos.
Pero volvamos a la canción de los elefantes. El problema se agrava porque a todos nos resulta atractivo ese tipo de vida parasitaria; y por eso no son pocos los que aspiran a un puesto en el gobierno. Con cada cambio de gobierno, miles de personas hacen cola para obtener su hueso. Las instituciones gubernamentales crecen desmedidamente y se crean nuevas instituciones para poder instalar a lo nuevos elefantes sobre la tela de la araña (y como vieron que resistía, fueron a llamar a otro elefante)
La gran pregunta es: ¿Qué pasará cuando la tela ya no resista?

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