L. von Mises.
Había una vez un pequeño pueblo
llamado Tanga Manga Apio. Su riqueza provenía, en mayor parte, de la producción
textil y agrícola. Su nombre proviene de los productos principales.
Había en aquel pueblo unos cien
habitantes, más o menos. Su extensión era lo suficientemente grande para que
uno de ellos pensara que era necesario un medio de transporte para intercambiar
los productos. Don Pancho fue quien primero adquirió un viejo camión, con el
cual ofrecía dicho servicio a sus vecinos. Su objetivo principal era recuperar
lo gastado en la compra del camión, su mantenimiento y una cuota por el trabajo
que él mismo realizaba. Cada habitante viajaba en promedio una vez diaria y el
viaje le costaba 1.00.
El gobernante de Tanga Manga
Apio, no conforme con la calidad del servicio de don Pancho, decidió que su
gobierno se encargaría de proporcionar el servicio con una mayor calidad y de
forma gratuita. Adquirió un camión más moderno, contrató un piloto, a quien le asignó
un salario muy “dignificante”, Formó una secretaría para atender las quejas de
los usuarios y nombró a un inspector para investigar dichas quejas.
Los costos del servicio se
duplicaron; y para cubrirlos el gobernante estableció un impuesto de transporte
de 100.00 mensuales para cada habitante.
Actualmente sigue siendo el
gobierno quien se encarga de prestar dicho servicio de forma “gratuita”.
Algunas deficiencias se han podido cubrir gracias a pequeños sobornos. Pero los
habitantes de aquel lugar no están del todo conformes con el servicio. No
logran descifrar dónde está la raíz de los problemas; y piden un mejor control
para que las cosas mejoren. El gobernante está pensando aumentar el equipo de
trabajo para fiscalizar al inspector bajo el llamativo nombre de “fortalecimiento
de las instituciones”. Y para esto propone un pequeño y necesario aumento al
impuesto de transporte.
Pasará algún tiempo antes de que
los habitantes de Tanga Manga Apio se den cuenta que lo mejor sería volver a
pagar el servicio a don Pancho y que de ningún modo los convierte en malos
ciudadanos dejar de pagar el impuesto de transporte al gobernante.

jajajajaj buen cuento estimado un poco de laissez-faire, o la escuela de chicago de Milton Freedman, el problema, como siempre, el humano, ser egoista y sediento de poder, pronto Don Pancho, estableceria una monopolio, siendo el unico que hace el servicio comenzaria a aumentar los costos de transporte hasta alcanzar el punto de equilibrio y su servicio dejaria de ser de "calidad" debido a que responde a la necesidad de transporte en un escenario de suma necesidad, por lo que "naturalmente" pasaria a dejar de vender calidad de transporte por "oportunidad de poder transportar sus productos", muy pronto veria que puede comprar la produccion, transportarla y venderla en otros mercados, por lo que comenzaria a comprarla a muy bajos precios o "se quedan con su cosecha" y pasaria a ser el millonario en medio de la pobreza de sus vecinos, compraria a sus "diputados" para "matar" la competencia y convertiria a Tanga Manda Apio en su paraiso, siendo ese paraiso el infierno de sus vecinos, muertos de hambre y sin esperanza de un mejor futuro..... un poco tetrico mi escenario...
ResponderEliminarDesesperanzador... Para quien sueña con una utopía. La única forma que tiene don Pancho de establecer un monopolio es, como usted lo ha dicho, apelando al poder coactivo del Gobierno. A menos que a éste no se le permita meter sus narices en temas de carácter económico. Pero esto no lo decido yo, lo deciden los vecinos de Tanga Manga Apio, quienes en algún momento tendrán que decidir entre las imperfecciones de la sociedad libre y las imperfecciones del Gobierno.
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