Cuentan la historia de un hombre de edad avanzada, honesto y trabajador. No le hacía daño a nadie. Más o menos como cualquiera de nosotros.
Su nombre: Juan Pueblo.
El problema es que no todos en aquel lugar eran tan buena persona como Juan. Habían algunos por ahí que no eran tan honrados y era necesario cuidarse de ellos. Para este menester, Juan Pueblo había optado por agenciarse de un perro al que llamó Emperador.
Juan salia todas las mañanas a trabajar, confiado de que su casa estaría segura, pues la protegía su perro Emperador.
Poco tiempo pasó antes de que en la casa de Juan, los amigos de lo ajeno volvieran a hacer de las suyas. El pobre hombre estaba decepcionado. Tanto trabajo para conseguir el perro, cuánto le costaba alimentarlo; y todo en vano.
Tiempo después Juan comenzó a observar que aquel perro inútil también se comía la comida que había guardado para la cena. También vio con mucha decepción. que las flores de su jardín, aquellas flores que él cuidaba con tanto esmero, estaban siendo destruidas. Obra de su inútil can.
Desesperado Juan quiso dejar al perro amarrado, pero cuando lo intentó, éste se abalanzó sobre él y lo ataco ferozmente. Ataques que se repitieron varias veces en los día siguientes
Un día, Juan Pueblo se cansó de aquella situación; y decidió ponerle fin. El problema era que no tenía el valor (o la cobardía) para quitarle la vida al animal. Así que decidió regalárselo a un vecino que no era de su agrado.
Pero Emperador regresó a su casa antes que él.
Muchas cosas intentó el hombre para deshacerse del perro, pero éste siempre regresaba.
Pobre Juan no sabía qué hacer.
Pero un día se le ocurrió una brillante idea.
Como de costumbre, esa tarde, el perro también lo recibió con una mordida. Pero Juan no se inmutó. Caminó hacia la alacena y, acto seguido, guardo toda la comida que tenía, en un lugar alto y bajo llave.
Desde aquel día Juan dejó de alimentar al perro. Éste fue perdiendo poco a poco las fuerzas hasta que un día murió.
Después de ésto, juan ha sido víctima de uno que otro robo. Pero los daños han sido, por mucho, menores que el desastre que su perro provocaba.

No hay comentarios:
Publicar un comentario