viernes, 19 de agosto de 2016

LA POLÍTICA Y LA RELIGIÓN

Las críticas al presidente Jimmy Morales por su reciente show político-religioso durante un desayuno en compañía de sus secuaces, desayuno que seguramente fue pagado con el dinero que nos quitan a los ciudadanos que sí trabajamos, adolecen de un serio defecto: Muchos son los que dicen que no se debe mezclar la religión con la política, pero nadie, o casi nade, especifica dónde está el problema.

Estas críticas han provocado grandes molestias en muchos creyentes de diferentes religiones, pues se han interpretado como ataques a la religión misma. Y seguramente, en algunos casos, sea así. La deficiencia radica en que no se analiza el porqué la amalgama es algo imposible, es decir, no se analizan los ingredientes por separado.

Un vaso de leche, por ejemplo, es considerado como algo bueno pues es constituye un alimento. Si a este vaso de leche se le agrega alguna sustancia tóxica, como el cianuro u otro veneno, dicha leche más que un alimento se convertiría en algo mortal. Resulta fácil comprender que lo dañino de la mezcla se debe a uno de los dos componentes y queda claro de cuál se trata.

Este análisis también es posible ante la mezcla político-religiosa. Las religiones, por sí solas; es decir, separadas del poder que confiere la ley, son como joyas en bruto que, si bien no convierte a las gentes en santos, proporcionan herramientas importantes en la lucha contra algunos "pecados" o defectos que nos pueden llevar a dañarnos a nosotros mismos o a los demás. La religión es la leche.

La política, en cambio, es el medio utilizado por algunas personas para adueñarse de una parte o el total de la propiedad de otros utilizando la fuerza de la ley. No voy a insistir mucho en demostrar que la política es el veneno. Quien tenga oídos que oiga (como dijo el Maestro).

Es por eso que no tiene sentido alguno la oración del ladrón que le pide al Señor que le deje robar (o robar más para este caso).

Dicen que la religión no se debe mezclar con la política. Y yo pregunto: ¿Con qué se puede mezclar un veneno para que sea algo beneficioso?

Es claro que la política no se puede mezclar con nada. Ni siquiera con la política misma, pues terminan matándose entre sí.

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